
Hace poco un amigo me contó que había ido a un restaurant muy lindo, de esos en los que vas de vez en cuando jaja, y se había pedido una super comida. Ni bien llego la comida, agarró un sobrecito lo abrió y le hecho mucha sal, porque a él le gusta todo muy salado. ¡Pero en vez de estar salado estaba todo re dulce!
Que tonto, no se había dado cuenta de que lo que puso no fue sal sino azúcar. ¡Llamó al mozo y le hizo devolver la comida, porque no había salero en la mesa!
La realidad aquí, es que mi amigo no es que había sido tonto, o que el mozo había hecho mal su trabajo. La realidad es que mi amigo había tenido un error cotidiano, o como en psicología se lo llama “lapsus” (lo que Freud denominaba “la psicopatología de la vida cotidiana”). Esto nos pasa a menudo a muchos de nosotros, y nos echamos la culpa de nuestros errores, o peor, ¡le echamos la culpa a otro!.
Estos errores cotidianos se suceden cuando las acciones son muy habituales y nosotros comenzamos a realizarlas automáticamente y nos basamos en asociaciones y pensamientos.
Una ayuda para disminuir los errores cotidianos es el diseño correcto de los objetos cotidianos, el diseño pensando en los usuarios, sus acciones y su entorno.
Si sabemos que un sobre de azúcar puede estar cerca de otro objeto que tiene su misma función por ejemplo un sobre de sal (que siempre viene en saleros pero hay lugares en los que sí viene en sobre) entonces diseñemos estos objetos para que su diferenciación sea aun mayor de la que tienen ahora. Creo que no sirve separarlos porque si en alguna ocasión faltara uno de estos (como es en este caso) o los juntaran entonces sucedería el error.
Bien, yo no se mucho de saleros o sobres de azúcar, pero esto es un ejemplo de la importancia que es aplicar estos conceptos en el diseño de interfaces web o aplicaciones de escritorio. Diferenciar elementos, agrupar categorías, anunciar eventos inesperados, etc. Son algunos de los conceptos del diseño centrado en el usuario que tenemos que tener en mente si no queremos que nuestros usuarios se equivoquen en nuestras webs y nos abandonen para siempre. Minimicemos lo más que podamos los errores.
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Libro “La psicología de los objetos cotidianos” Donald A. Norman